Me miró con rabia desde abajo; porque, supongo yo, que le saque de su ensoñación.
-Perdona, ¿estas cansado?- le dije.
- La verdad es que yo estoy, estoy cansado- le digo.
Y el mundo comienza de nuevo a tornarse rojo.
Desde el fondo es donde me siento a mirar pasar el mundo. Desde el fondo es donde me parapeto, oteo y escondo. En todo caso comienzo desde atrás, en mi final, con la ilusión de encontrar la génesis o por lo menos donde se corto la hebra.
Aparece fantasmagórico y etílico un seudo profeta menor en mi somnoliento y centro descentrado retorno a casa.
Me mira con cara de indio pícaro y se rie con los amigos,
La tontera de la libreta no es única.
Caminan sin ni siquiera voltear.
Se come la uñas desesperada cuando engulle un helado barato, pasa por el pasillo con el oído derecho completamente sordo y simula dormir risueña mientras escarba por algo dentro del bolso guiando a su niño por el pasillo.
El metro cabalga raudo al entrar en el anden, apenas bajando la velocidad.
Entro y me golpea el olor a ser humano.
Don Gerardo toma el metro en Los oriéntales, sube cohibido, pero sonriendo.
Veo, veo, una cosa verde...
Sueño, que juego a que sueño que juego, Me despierto en el sueño, soñando que despierto del sueño.
¿Soy yo, el que despierta o soy el que sueña que despierta?
O ¿soy, el que simplemente sueña, que sueña que se despierta?
Sueño que corro y empiezo a correr en el sueño que corro, que corro y que sueño que corro.
Juego a jugar con las palabras hasta emborracharlas.
Juego a que sueño, que sueño que juego, para marearlas, para ocultar el otro sentido que tienen,
como cuando me borro o cuando digo soñando ser,
“Para no ser lo que no quiero y soy”.
Juego y sueño que juego hasta quizás,
y con la esperanza de,
encontrar al niño, que soy y que fui, que duerme en algún lugar, mientras sueña mi vida.
Soy el grito desesperado del recién nacido, justo en el minuto de mi muerte.
Soy una eternidad sin tiempo, redundante, que siente que todo lo que pasa lo hace ubicuo.
Sueño que estoy despierto en el metro, mientras el mundo nos pasa sin dejar de avanzar.
Soy un recorte, soy el miedo auto referente, sin hablar de mi.
Soy el que sueña que no me importa.
En el metro sueño, que sueño que escucho una voz, que se desliga de mi accidente,
solo diciendo que no me accidente.
En Colon, donde “Tener presente que si me saco la cresta es mi responsabilidad”
y no la de un ITO, que no midió la separación del piso del anden y el tren.
Sueño que juegas conmigo a soñar este sueño que nos atañe y tiñe a los dos.
Sueño que simulo que sueño.
Mientras simulo soñar, tú juegas sin invitarme, porque piensas que duermo.
Ahora sueño que escucho la voz promocional de un fabricante de sueños en una canción.
El sonido oblicuo y tartamudo que me gusta tanto últimamente, solo sirve para con fundir mi sueño.
¿Soy yo el que escucha o es el sueño el que se apodera en
y de la realidad?
¿Soy la maquina que sueña?
¿Soy yo, el presente o solo el pasado en un recuerdo melancólico del ser que seré?
¿Mi Hoy es hoy, o es solo el sueño de un bebe aun no nato?
Sueño que despierto al fin del sueño que sueño.
Ojala pudieras meterte dentro de mis ojos, para que vieras a la pequeña que desafía a su madre, con el juego de la lonchera. Ojala, la vieras mientras mueve sus pies que cuelgan del asiento, mientras simula que mira absorta una pegatina salo.
Toda ella es desafió a la madre que incomoda quiere manejarlo todo.
Ahora me mira temerosa, primero por que escribo en blanco sobre el fondo negro y segundo porque sospecha que yo escribo sobre su desafió, porque piensa que voy a acusarla.
¿Que es esto? ahora me contempla risueña, ahora se ríe de mi y conmigo.
Me da miedo mirarla, porque la madre inquisidora y ubicua queriendo todo control me miraría con desaprobacion.
¿Que edad tiene la pequeña princesa, unos 5 o 6 años?
Si pudieras meterte en mis ojos verias que la dejo y me bajo en estacion los orientales, sin orientales.
La mirada fotográfica, los recorre a todos en el Metro.Se detiene no más de un segundo, en los rostros.
No valla a ser, que uno se encuentre, con otro fotógrafo de almas.
El segundo que demora en los rostros, se extiende más, cuando miro sus manos, sus canas, la carterita barata, la zapatilla de ultima chula moda, la modorra matinal, la suciedad en los cuerpos.
Entre tanta gente juego un poco al “¡Donde esta wally?”,
eso si, cambiada a un, “¡Donde esta el idiota?”, el único idiota que sonríe en el Metro.
Estoy en el metro:
El niño juega al equilibrio mientras el tren rueda por el piso. Yo leo filipenses.
Al final de la carta, Pablo contentado y místico grita que todo lo puede en Cristo que le fortalece,
y yo no digo nada, ni siquiera “esta boca es mía”.
El niño juega, mientras yo me equilibro.
Son las 7:15- mucho obrero que viaja de casa a la mina, como si fueran topos.
...¿la mina?, la mayoría solo de casa al trabajo, la mina es accidental.
La mayoría es infiel accidentalmente.
para otros es incidental...¿incidental?,
entendiéndose esto ultimo como, incidentalmente programado.
Mientras, juega al equilibrio, el niño rueda por el piso, accidentalmente.