jueves, septiembre 15, 2005

JUDAS

XXXVII
Nadie es fiel, nadie merece la pena ni el dolor,
nadie merece al Cristo, ni el suicidio de Judas.

Me agobia esta pena egoísta, pues por culpa de un imbécil,
te pierdo irremisiblemente.
Disparo hoy mas metralla que antes porque estos versos ya ni siquiera los vas a ver,
porque ya no te importan, porque lo único que importa es que este imbécil te ha hecho sufrir.
y yo como un ultimo adivino, un profeta sin dios que conoce el futuro,
y que sabe eso, lo que viene después de la pena, te dejo de escuchar, imagino.
Como con pasos tremendos, se acerca a tu corazon una servil rabia, la curiosa venganza y la destrucción o el perdón patético que golpea a tu puerta contradictorio y con ese dolor que no te dejara nunca, como un compañero no llamado, un maldito, como un yo inmisericorde.
O te deje como a mi, que me agobia esta pena triste y egoísta, porque un imbécil te hace sufrir.
Y porque no merece tu llanto, porque no te merece ni a ti, ni al Cristo.
Y yo sin poder resucitar al Judas ni lanzar la primera piedra,
me voy ahogando en la oscuridad, en el odio.
En tu olvido.

XXXVI
El sol se oculta en los ojos del penitente.
Como una mariposa de azul sangría,
yo voy diciendo palabras que merodean en la mente.
Y que provocan alegría
Las leo en voz alta para gozarlas y sufrirlas,
Y sólo digo palabras que luego darán vueltas en mi lengua

XXXVIII
Estos versos querida mía son tuyos y de otras y de otros y de ostras y de nadie

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